'YO SIEMPRE ESTOY FELIZ'

 

 Artículo de Arcadi Espada en “El Mundo” del 13.10.06

 

 Por su interés y relevancia he seleccionado el artículo que sigue para incluirlo en este sitio web. 

 

Pocos minutos después de que un grupo nacionalista, del que formaban parte militantes y cargos públicos del PSC, insultara y golpeara a dos dirigentes del PP, el presidente Zapatero declaraba en Sabadell: «Yo siempre estoy feliz, me siento cómodo en Cataluña, no como otros dirigentes».

Esta afirmación se contará entre las más desgraciadas de un hombre que atina muy pocas veces sin guión en la mano. Porque la incomodidad a la que alude es sólo consecuencia del terrorismo moral que los nacionalistas han implantado en Cataluña y que tiene a todo ciudadano disidente como víctima. Terrorismo moral no es una de esas palabras grandes para hechos pequeños, que en vez de enfatizarlos los tapan. Por el contrario, aspira a la más estricta precisión. Las definiciones de terrorismo son conflictivas, pero todas incluyen el empleo de la violencia con fines políticos. Los nacionalistas que insultan y golpean a los disidentes (es decir, que emplean la violencia física) persiguen limitar sus movimientos, criminalizar sus opiniones y marginarlos del mínimo acuerdo social: los aterrorizan a ellos, y también, a todos aquellos que podrían sumarse a sus opiniones. Baste decir que hoy en Cataluña, para asistir a un acto de Ciutadans o del Partido Popular, se exige un plus de valor y de temple. Pero la aterrorización del disidente tiene también una versión puramente moral, entendida la palabra como facultad contrapuesta a lo físico. Y de ella forman parte, entre muchas otras, el Pacto del Tinell, las estrategias amarillas (quiero decir que te vuelven la cara amarilla) de la prensa regional y estas palabras indignas del presidente del Gobierno.

Desde que las pronunció, y ante su magnitud, se ha pretendido aguarlas. Yo creo que hasta él mismo ha colaborado deliberadamente declarando que José Bono era el mejor candidato a la alcaldía de Madrid: debe de confiar en que los medios se encarnicen en esa bota (una nueva muestra de su talento político) y pueda salvar la pierna. La principal excusa, sin embargo, es que Zapatero habló en Sabadell sin saber lo que había pasado en Martorell, ell. Más que excusa es un mazazo en la propia cabeza: porque lo que pasó anteayer es una más de las múltiples humillaciones que los dirigentes del Partido Popular han sufrido: y sólo la más grave en términos de impacto electoral.

El presidente conoce muy bien la peripecia de la disidencia en Cataluña. Y ha legitimado sus percances con refinamiento de hampón: ufanándose de no tenerlos.

(Coda: «El primer secretario del PSC, José Montilla, atribuyó los hechos a la 'política miserable del PP' y su política de enfrentamiento y rencor. Montilla negó que el PSC instigara los abucheos y piensa que los gritos respondieron a 'un clamor de la sociedad catalana'» (20 minutos, 12 de octubre del 2006, después de que Rajoy fuera insultado y expulsado de un mercado en Collblanc.)