LA REGENERACIÓN DEMOCRÁTICA Y EL PARTIDO DEMOCRÁTICO

Post invitado de Ramón Ibarrola en “Plaza Moyúa” del 29 de septiembre de 2009

Por su interés y relevancia he seleccionado el artículo que sigue para incluirlo en este sitio web

 

Nota previa de Plazaeme: El peculiar concepto de democracia desarrollado últimamente por nuestros dioses consiste que que se puede llevarla a cabo, -¡quia, se puede regenerar!-, desde un partido que le censura una opinión como esta a un Coordinador Territorial (elegido por los mismos dioses).

 

Parafraseando a Lenin, “sin un partido democrático ejemplar no tendrá cabida un discurso de regeneración democrática creíble”. El cómo se organizará este partido en el futuro ha devenido en la cuestión capital a la que nos enfrentamos todos los que formamos parte de UPyD.

Mi compromiso con este partido, desde su fundación, me obliga y tal vez me autoriza a exponer las siguientes reflexiones sobre nuestro próximo congreso. Pondré el parche antes de que salga el grano: Soy partidario de una organización…organizada. Con palabras de otros tiempos (y de otros partidos) soy partidario de resoluciones firmes, adoptadas por los órganos  que están obligados y facultados para hacerlo. En resumen, soy partidario de que existan normas y de que se cumplan.

¿Cabe la posibilidad  de un uso equivocado de las mismas? ¿Es posible utilizar las normas para impedir el necesario debate? Me temo que sí y que precisamente nosotros estamos en ese caso.

Creo imprescindible que, en nuestro congreso se traten algunos asuntos  que el esquemático ¿e interesado? uso de las normas amenaza con evitar. Opino que el no tratarlos  será negativo para el partido. Opino también que sería conveniente que la dirección del congreso, sin transgredir las referidas normas, tenga  la inteligencia de posibilitar estos debates.

De salir triunfadores los objetivos organizativos previstos por la actual dirección, se habrá tirado por tierra el segundo, y probablemente último, intento de participación directa en la vida política del enorme impulso regenerador de este país. Se habrá dilapidado una gran cantidad de fuerzas e ilusiones. Todos; sí, todos, estamos emplazados a evitarlo.

Todavía estamos a tiempo de frenar dicho proceso y dar un golpe de timón que permita salir de esto con un partido unido y ejemplar en su funcionamiento, en coherencia con la función regeneradora que pretende ejercer ante la sociedad.

¿Qué hacer?

En primer lugar deben tomar conciencia de la importancia del debate todos los que de una manera u otra apostaron por este proyecto. Muy especialmente quienes creen –desde otros pedestales- que no se deben implicar en esto porque no les compete. También les concierne a quienes lo pretenden eludir por ser temas que afectan a cuestiones tales como la condición humana, la vanidad y al juego de poderes y alianzas propias de una organización humana y por tanto defectuosa per sé. Es decir, a los que piensan que esa no es su pelea.

Pues, lo siento mucho, pero es vuestra pelea, la nuestra, la de todos. Y además es decisiva. Abarca a todo el Partido y ha empezado por una sangría de afiliados y simpatizantes que de momento tiene soliviantada a una buena parte del partido que asiste atónito al desarrollo de los acontecimientos. Está afectando al meollo de la necesaria confianza entre dirigentes y dirigidos y está a punto de consagrarse un sistema de funcionamiento en el que se mira al discrepante como si del peor enemigo se tratase. De ahí a las purgas masivas, al sistema barriobajero y a los ascensos por prebendas sólo hay un paso.

Se dirá que, por el momento, el cómo se resuelvan las cuestiones organizativas, esto no altera el discurso político regenerador y que eso es lo esencial. Pero de seguir así todo se andaría. Con un sistema de funcionamiento como el que se quiere implantar, basado en el ordeno y  mando como único canal de comunicación interna, la imprescindible percepción de la realidad y los datos que proporciona la experiencia y el trabajo se quedarían en nada. El endiosamiento y la huida de la realidad derivarían rápidamente hacia un discurso cada vez más irrealizable. Todo se quedaría en unos principios y dogmas biensonantes que terminarían por alejar a los sectores a los que queremos convencer.

La participación política diaria quedaría  anulada por una interpretación esquemática y dogmática del referido “programa máximo”. Temo que acabaríamos pareciéndonos a Anguita (en el peor de los casos, espero que solo en eso). ¿Podemos imaginarnos la sonrisa burlona de quienes nos dijeron desde un principio que nuestro proyecto era irrealizable? ¿Nos imaginamos el ridículo de nuestros portavoces más destacados cuando nuestros adversarios insistan una y otra vez: “¡Arreglar primero vuestros asuntos internos y luego venís a darnos lecciones de democracia!”?

¿Cómo se explicará que numerosos miembros fundadores sean considerados por la actual dirección como enemigos de este proyecto? ¿Quién confiará en un partido que se dice transversal si no es capaz de aglutinar en su seno a muchos de los mejores y los descalifica como traidores y falaces?

En segundo lugar, es necesario concentrar todos los esfuerzos en obligar al núcleo dirigente de este partido a llegar a un compromiso. Mi intuición y mi corazón me dicen que aún es posible, si se actúa con inteligencia y perspectiva política.

La dicotomía entre un partido fuerte, pragmático y eficaz o un partido débil sometido a continuos debates, y por ello falto de la necesaria unidad, es falsa. La actual dirección no ha explicado qué tipo de partido pretende configurar con su discutido proyecto organizativo. Ha levantado continuamente el fantasma del fracaso de “Ciudadanos”, para proponer un partido rancio y obsoleto. Es decir, un partido con gran parecido a los de corte leninista de infausto recuerdo para algunos de nosotros. Un partido que tiene poco que ver con un proyecto atractivo, joven y esperanzador, con la mirada puesta en el futuro y con capacidad de ilusionar a los que viven en el siglo XXI . En definitiva, un partido que no asuste a nadie  resucitando fantasmas del pasado.

No es difícil aventurar que de celebrarse el próximo congreso bajo la ignominia de haber eliminado del debate a todo aquel que ha sido considerado enemigo del proyecto por parte de la actual dirección, será un fracaso. Quizás no inmediatamente, pero a medio y largo plazo los éxitos aparentes no darán para pagar las facturas del destrozo cometido ahora. Es de constatar también que los críticos y sancionados, a los que se nos elimina del debate ,o se autoexcluyen voluntariamente, no tendríamos posibilidades reales de invertir la mayoría resultante del Congreso. Paradójicamente creo que, aunque con menores apoyos, nos avalan más razones democráticas que a nuestros oponentes.

Conclusión. Ante la perspectiva de un Congreso triumfant para algunos y la derrota por goleada de otros tras un proceso con las reglas de juego trucadas, es necesario proponer al conjunto del partido una especie de armisticio. Un pacto con unas negociaciones de urgencia entre los distintos sectores que permitan llegar a un Congreso donde quepamos todos o al menos la gran mayoría.

Estoy convencido que todavía quedan posibilidades para lograrlo. Conozco a muchos  de los “rebeldes y herejes” y creo que les supondría un gran alivio a la vez que un respiro. Estoy seguro de que todos podemos archivar venganzas y agravios con la esperanza de que algo cambie. De quienes ostentan la máxima representación actualmente en el Partido – no por elección sino por delegación- es esperable cierta dosis de magnanimidad y responsabilidad.

Confío en que todos estemos a la altura de las circunstancias.

Firmado:

Ramón Ibarrola San Martín

Coordinador de Navarra.

25-09-09

Nota (Plazaeme): La fecha es de hace cuatro días, porque Ibarrola lo escribió para la web de UPyD. Pero no se lo publican, así que ha tenido que buscar otras vías. Aquí se ha publicado en cuanto ha llegado, y por eso hay la discordancia en la fecha.