ESPAÑA NO SE MERECE ESTE EMPRESARIADO AVESTRUZ.

 

Artículo de S. McCoy en “El Confidencial.com” del 08 de septiembre de 2008

Por su interés y relevancia he seleccionado el artículo que sigue para incluirlo en este sitio web.

 

Dicen las malas lenguas que uno de los empresarios más afines al gobierno actual se ha plantado. Harto de ver cómo el brutal endeudamiento que ha acumulado, por sus aires de grandeza, la compañía que preside, amenaza con llevarle a la ruina; incómodo con unos socios que, ahora que pintan bastos, le echan en cara sus veleidades imperiales pasadas y le exigen una salida accionarial que les desligue de la complicada situación bursátil que viven; consciente de que la depauperada realidad económica y financiera de nuestro país no se va a resolver en dos telediarios, ha decidido acudir a la “fuente de la sabiduría” en busca de soluciones. Y como no las haya, en forma de compra por parte de un tercero de alguna de sus participadas más golosas a precios de partida irreales, la gallina amenaza con cantar todos los tejemanejes que han caracterizado su relación con el ejecutivo en estos últimos cuatro años y pico. Si les digo la verdad, ojalá fuera así: por fin uno que no sólo amaga sino que da, novedad de novedades. Me temo, sin embargo, que va a estar complicado. Que hay sectores en donde la amenaza de una traviata se soluciona de forma más rápida convirtiéndola en zarzuela, jugosos estipendios de por medio. Ya me entienden. Este es el país de pandereta que los políticos han creado y la sociedad civil ha consentido. Todos somos, en cierto modo, culpables. Unos por acción y otros por omisión, que es más cómodo mirar hacia otro lado y no impulsar una revolución cívica que permita la regeneración verdadera de nuestra democracia. Ande yo caliente…

Define bastante bien el hecho descrito en el párrafo anterior, la categoría de nuestra clase empresarial más mediática que navega entre el pesebrismo  -del que es capaz hasta un Emilio Botín Jr, cuyo niño ha pasado de tener fiebres infantiles de pronta cura a casi morir de meningitis, dado el error de diagnóstico y las meteduras de pata en el tratamiento de sus desinformados pediatras-, y el matonismo mafioso que muestran los que falsamente se arrogan unos derechos adquiridos porque otros, desde las instituciones públicas, les han hechos acreedores de tal percepción. Eso por no hablar de aquellos que, yendo de cabeza al matadero de una recesión que amenaza con llevarse por delante sus sueños construidos a lo largo de muchos años, actúan como los corderos apiñados en el camión que les conduce a un final previsible, si no se hace nada antes: desde el más ignominioso de los silencios. Problema de un país donde, como se decía cuando servidor hizo el servicio militar, el que se mueve, hace guardia. Los instrumentos a través de los cuales España puede ser posible, los artífices finales del cambio necesario en el modelo productivo que necesita nuestra economía, los depositarios últimos de la fuerza necesaria para levantar la nación de la crisis actual, los emprendedores, ejecutivos y similares se mantienen a la expectativa, ¿de qué?, incapaces de levantarse con las armas de la opinión y la defensa de sus intereses para exigir al ejecutivo un poquito, aunque sean “miajitas”, de gobierno real y realista, antípodas de lo acontecido en los meses que han transcurrido desde que el ladrillo dijo basta y la banca cerró el grifo.

Justo lo contrario de lo que está ocurriendo en esa Gran Bretaña que, encuadrándonos en la categoría de los PIGS o cerdos, se olvida de que ella mismo lleva tiempo retozando en los lodos que han provocado unos excesos similares a los nuestros y que han puesto a su divisa a los pies de los caballos del desinterés internacional. Reminiscencias de un Imperio obsoleto que rezuma caducidad por los cuatro costados. Pero, al menos, una parte significativa de su empresariado ha decidido tirar por la calle de en medio y pedir cuentas, exigir cambios y tomar drásticas decisiones ante la manifiesta incapacidad de sus gobernantes para hacer frente a su coyuntura. Una actitud derivada, probablemente, de la percepción de que existe un líder alternativo, el conservador David Cameron, capaz de reparar quirúrgicamente, con la defensa  de un nuevo modelo de estado, la debilitada realidad no sólo económica sino política y social por la que transitan los ingleses de la mano de Gordon Brown. Algo que no ocurre en España con el amortizado, desde la lacrimógena noche electoral en el balcón de Génova, -estampa de perdedor-, Mariano Rajoy, personaje carente de carisma e incapaz de conectar con la audiencia mediática de hoy y que, a juicio de alguno de sus barones, podría ser “un muy buen presidente del gobierno pero es, de hecho, un triste jefe de oposición”, descripción con la que no puedo estar más de acuerdo.

Es en las Islas donde se ha producido las últimas semanas un doble proceso que, probablemente, marque un punto y aparte en la manera con la que sus dirigentes corporativos se enfrentan a la crisis actual. El primero consiste en la insumisión fiscal, entendida en los términos que vamos a comentar ahora. Desde 1997 el número de normas tributarias en Gran Bretaña, tal y como refleja el compendio Tolley´s Yellow Tax Handbook, se ha duplicado lo que ha repercutido tanto en la complejidad de su sistema recaudatorio como en el nivel de presión fiscal al que está sometido el conjunto de la sociedad. El último intento de modificar la imposición de las multinacionales, y del que ya nos hicimos eco en este Valor Añadido, ha sido la espita que ha provocado la apertura de la caja de los truenos. Cada semana una nueva sociedad anuncia que abandona su domiciliación fiscal en Gran Bretaña para trasladarse a lugares de imposición más simple o benevolente con el emprendedor, normalmente Irlanda. Primero fue la farmacéutica Shire, con posterioridad la firma de gestión de fondos Henderson y, esta última semana, Regus, la firma de servicios generales a empresas que ha completado una tríada que amenaza con engrosar notablemente sus filas de aquí a las próximas elecciones legislativas de dentro de veinte meses, si no se produce antes un adelanto electoral. 

Junto a este proceso de descapitalización societaria, la desconfianza de la clase empresarial respecto a la capacidad, tanto de Brown como de Alastair Darling, para sacar a los ingleses del hoyo económico en que se encuentran, ha vivido una nueva vuelta de tuerca esta misma semana cuando el Consejero Delegado de Punch Taverns, Giles Thorley, ha decidido ir un paso más allá y ha decidido pedir abiertamente la dimisión del ministro del ramo del gobierno laborista. Por fin alguien entiende que la creación de valor para el accionista pasa, primero y principalmente, por la defensa de los propios intereses, actitud  que no es la connivencia con la arbitrariedad de un gobierno capaz, regulatoriamente, de crear industrias o destruir negocios, sino que consiste en velar porque las fuerzas de mercado, que determinan el éxito final de la empresa, puedan seguir su curso y no verse afectadas negativamente por el aumento de incertidumbre que, de la propia actuación del ejecutivo ante la crisis, se deriva. ¿Para cuándo una voz similar en nuestro país?

Es precisamente en El País, periódico cuyo alejamiento de la sombra gubernamental le está haciendo recuperar gran parte del pulso crítico perdido bajo el manto de don Jesús y su juego de intereses políticos, donde encuentro una de las mejores descripciones de la labor gubernamental en estos últimos meses, una visión que resulta tan evidente como clamoroso es el silencio de los corderos de unas organizaciones empresariales que se han especializado en guardar la ropa pero que dudo sinceramente que recuerden cómo se nada sin la ayuda de los manguitos administrativos. La firma Josep Ramoneda, en pasado tres de septiembre, en la página 12, sección España. Un artículo, a mi juicio, imprescindible. Me centro de la parte económica, que es la que concierne a este blog. “Cuando un gobernante no anticipa los escenarios que se le ponen por delante, la prevención de los problemas falla y los conflictos estallan con un ruido que no era forzosamente inevitable (…) En los planes de Zapatero, no cabía una crisis de España. Se conoce que en la psicopatología del optimista irredento, los problemas no son tales porque se da por supuesto que tarde o temprano la realidad se acabará adaptando a sus fantasías”.

Y concluye con la parte más sangrante de la pieza. “Se dice que la economía acaparará todo el protagonismo en los próximos meses. Y, probablemente, es verdad. Pero, aunque sea la economía sea la pregunta, la respuesta tiene que ser política. Y para ello no sirve llevar al Parlamento cada dos meses una nueva lista de medidas de choque, muchas de ella de larga implantación y de efectos difíciles de percibir. Por muy extenso que sea el listado, se impone la sensación de que se intenta suplir una línea política clara y explicable, más allá de sus concreciones técnicas, por un rosario de propuestas diversas y deslavazadas de difícil transmisión a la opinión. La política es proyecto. Es capacidad de indicar a los ciudadanos alguna dirección. En tiempos difíciles, a veces, una medida dura e impopular pero efectiva e incomprensible para todos da más apoyo y confianza al gobernante que mil ejercicios retóricos intentando edulcorar la realidad”. La ausencia, por tanto, de proyecto público hace aún más necesaria la manifestación crítica y constructiva de las propuestas de la iniciativa privada. Lo contrario, ya lo hemos reiterado hoy hasta la saciedad, conduce a la absurda complicidad de los que, abocados a un final desastroso que puede suponer su muerte empresarial, son incapaces de alzar la voz, proponer medidas y exigir responsabilidades, conducta propia de avestruces. ¿Demasiado tarde? Nunca es tarde si la dicha es buena. Buena semana a todos.