«NO PASARÁN»

 

  Artículo de CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS en “ABC” del 29.05.2003

EL PSOE no tiene dirección. No sabe adónde va. Avanza -o retrocede- a tientas. Marcha con quien puede. En Madrid, en coalición con los comunistas; en Barcelona también y con los republicanos de izquierda; en Galicia gobernará ayuntamientos con los independentistas del BNG; en el País Vasco aspira secretamente a desbancar a Madrazo en los favores al PNV... Donde ya no podrá seguir haciendo oportunismo es en Baleares...

Por supuesto que el PSOE juega con España y con su unidad al jugar peligrosamente con el sistema de partidos. No hay que ser apocalíptico para denunciar esto. Sólo los bobos, sean o no analistas políticos, profesores o barrenderos, pueden tomarse a chacota la degradación de un partido «nacional», y los demás seríamos demasiado piadosos si, por nuestra parte, intentáramos definir esta descoordinación como una estrategia basada en políticas locales. Lo de ahora es la caricatura de aquel reparto de poderes territoriales con el que González pensó que podría eternizarse en el poder. ¿Qué derecha sería capaz de desbancarle si se lo montaba bien con Pujol y Arzalluz? Fue Pujol quien inició el derribo cuando se negó a votar los presupuestos del 93. No se le había pasado a González por la imaginación una traición semejante quizá porque nunca supo de qué son capaces los nacionalistas. Ahora, una vez caído él, está con ellos para lo que sea. Que lo que funcionó para su destrucción, funcione para los demás, para el PP. Desde entonces González perdió el interés por España como idea y pasó a tenerlo por España como empresa y, a partir de ahí, no supo transmitir a los suyos más que rencor, rencor al enemigo, al PP, a Aznar. Este es el patrimonio que les ha dejado. Conseguir el poder allá donde esté y con quien se pueda, incluso con aquellos con los que él jamás se habría juntado, con los comunistas...

Zapatero es el continuador de la ausencia de política, de la inanidad ideológica, de la incapacidad estratégica. En estas condiciones, ¿cómo iba a despreciar la coalición con Llamazares y las movidas con los sindicatos y los grupos de la antiglobalización? Entre todos le hicieron creer que el poder estaba en la calle. Y la legitimidad. Es posible que aún no haya salido de ese sueño tan poco democrático. Zapatero creyó que iba a utilizar a Izquierda Unida como si se tratara de una «claque» pero ésta se hizo, en unos días, con la función. Fue Zapatero quien se convirtió en la «claque» y quizá aún no se haya percatado de que la victoria en la Comunidad de Madrid es una piedra de molino en el cuello del Partido Socialista. Es posible que -enloquecido por tocar poder y así justificarse ante sus mayores- no sea consciente del inmenso fraude que supone entregar la Comunidad a un partido del seis por ciento. ¿Está tan ciego como para no caer en la cuenta de que el pueblo madrileño ha rechazado de forma clarísima a Izquierda Unida y que meter esta de matute en el Gobierno de la Comunidad es un desafío antidemocrático por mucho que se revista de legalidad?

El PSOE ha pagado un alto precio por seguir a Izquierda Unida en su antiamericanismo y pagará el ensayo social-comunista en la Comunidad de Madrid.

Pero, ¿acaso no se trataba de tocar poder y cerrar el paso al PP en Madrid o en el País Vasco? Lo ha dicho Llamazares con un eslogan de guerra, de nuestra guerra del 36: «El PP no pasará, nuestra misión histórica es no dejar pasar al PP». Pero lo peligroso no es que esto lo diga el dirigente de un partido que es desde hace tiempo el negativo de aquél que hizo de la reconciliación una bandera, que asumió la monarquía parlamentaria y que hoy se dedica a desenterrar cadáveres y eslóganes de guerra... Lo grave es que ese partido sea el que dirige a este PSOE desnortado, sin rumbo, a la deriva.