HABLEMOS DE LENGUAS

 

 

  Artículo de JOSEP MARIA SALA  en “La Vanguardia” del 1-7-03

En Catalunya se vuelve a hablar de lenguas. La situación lingüística vuelve a estar de actualidad a partir de la publicación de la Encuesta Metropolitana correspondiente al año 2000. Según ésta, el 29,8% de la población del área metropolitana de Barcelona manifiesta que su lengua es el catalán, el 56,1% dice que lo es el castellano y un 13,5% dice que ambas. Lo que es más significativo de esta encuesta es que estos porcentajes eran respectivamente el 34,2%, el 54,5% y el 10% en la misma encuesta correspondiente al año 1990. En diez años, en los que han estado en vigor las leyes de Normalització Lingüística y el sistema de inmersión lingüística se ha aplicado en todas las escuelas del país, el reconocimiento del catalán como lengua propia por los ciudadanos de Catalunya ha retrocedido. Estos datos podrían justificar las visiones pesimistas sobre el futuro del catalán.

Ahora bien, si analizamos las cifras del nivel de conocimiento del catalán que también aparecen en la mencionada encuesta, el panorama es muy diferente. En efecto, en los diez años que van de 1990 al 2000 el porcentaje, en el área metropolitana de Barcelona, de los que hablan y escriben el catalán ha pasado del 29,1% al 46%, y el porcentaje de los que afirman que no lo entienden ha bajado del 7,4% al 3,5%, quedando un 50,5% de personas que no escriben el catalán pero manifiestan o hablarlo –un 26,4%- o simplemente entenderlo –un 24,1%–. En estos diez años se ha producido un incremento sustancial en el nivel de conocimiento del catalán y en la capacidad efectiva para utilizarlo. Ésta es la cara de la moneda y la que debería hacernos sentir optimistas en relación con su futuro.

Que una parte significativa de la población de Catalunya siga considerando, en porcentajes no decrecientes, el castellano como su lengua propia, aunque conozca plena o parcialmente el catalán, es un dato empírico que se ha demostrado de difícil modificación, probablemente porque afecta a la personalidad individual y ésta es bastante inmune a los intentos de cambio planificados e impuestos por los poderes públicos. La lengua es, además, el elemento de comunicación básico entre las personas, por lo que nadie debería verse limitado en su derecho a expresarse en la que mejor puede comunicarse, sea el catalán o el castellano. Nunca el patriotismo lingüístico se debería ejercer en detrimento de este derecho.

Ahora bien, para garantizarlo, es imprescindible generalizar la comprensión de las dos lenguas , y por tanto los esfuerzos colectivos deberían concentrarse en conseguir que todos puedan comprender el catalán y el castellano, para permitir que las dos lenguas puedan utilizarse en Catalunya sin ningún tipo de restricción o limitación. En este sentido, se ha de corregir la asimetría que existe entre el catalán y el castellano, ya que si en el caso del segundo la comprensión y hasta el conocimiento son prácticamente universales, en el caso del catalán el proceso de generalización de su conocimiento y comprensión aún no ha terminado, y se apunta, además, una nueva problemática ligada a los nuevos procesos inmigratorios . Siguen siendo necesarias, por lo tanto, políticas de apoyo al catalán por parte de los poderes públicos, tanto catalanes como españoles, y también por parte del conjunto de la población, sea cual sea su lengua.

Pero en ningún caso este apoyo al catalán se debería ligar a concepciones identitarias, ni tampoco a visiones que liguen la supervivencia del catalán a la imposición de su uso al conjunto de la población, sino entendiendo y aprovechando positivamente que Catalunya es una sociedad con dos lenguas que conviven en armonía, siendo conscientes, además, de que la gestión adecuada de esta situación es una de las claves del éxito de nuestro futuro colectivo.

JOSEP M. SALA I GRISO, conseller nacional del PSC